Libia: Una década de caos tras la revuelta que terminó con Gadafi

por RFI

Diez años después del inicio de la revuelta que acabó con la dictadura de Muamar al Gadafi, el dominio de las distintas milicias que se rebelaron es uno de los principales problemas que arrastra Libia tras una década de caos. Los vacíos de poder y el florecimiento de las redes criminales tuvieron además un grave impacto en la seguridad de la región y convirtieron al país en uno de los focos del tráfico de armas y personas durante esta década.

Diez años después del inicio de la revuelta que acabó con la dictadura de Muamar al Gadafi, el dominio de las distintas milicias que se rebelaron y la impunidad de los crímenes que cometieron y han seguido cometiendo son uno de los principales problemas de Libia, junto a la presencia de mercenarios extranjeros y el pulso de las potencias internacionales.

Las protestas, enmarcadas en la conocida como ‘Primavera Árabe’, arrancaron para denunciar la corrupción y los abusos por parte de las autoridades, así como para reclamar una democratización, y derivaron el 17 de febrero en el ‘Día de la Revuelta’, con epicentro en el este del país, lo que llevó a una dura respuesta por parte de las fuerzas de seguridad. Las denuncias sobre la muerte de manifestantes por el uso de fuego real en las protestas encendió aún más los ánimos y extendió las movilizaciones a la capital, Trípoli.

Recordemos que en aquel momento, hace una década, el dictador puso en marcha entonces todo su aparato represivo para acabar con la revuelta, pero la intervención en marzo de 2011 de la OTAN, que bombardeó el país, cambió el signo de los acontecimientos y permitió que los rebeldes tomaran en agosto Trípoli y capturaran en octubre a Al Gadafi, asesinado a golpes por una turba en su ciudad natal de Sirte.

El fin del conflicto dejó un país altamente fragmentado a nivel político, militar y territorial, algo fomentado por la ausencia de una autoridad central fuerte, reflejo de las políticas impulsadas por el propio Gadafi, lo que supuso las primeras fracturas en el Consejo Nacional de Transición,

Desde entonces, Libia es un Estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, en el que han muerto más de 8.000 personas en los distintos conflictos que han ensangrentado el país a lo largo de la década pasada. El último, librado entre abril de 2019 y junio de 2020, enfrentó al Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU desde 2016 en Trípoli y las fuerzas bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor de Ejecutivo no reconocido en el este y hombre fuerte del país.

Un atisbo de esperanza

La semana pasada, el Foro de Diálogo Político para Libia, un organismo formado “ad hoc” por la ONU en su nuevo intento por fomentar la paz y acabar con la división, eligió un nuevo presidente, dos vicepresidentes y un primer ministro de transición que deberán formar un nuevo gobierno nacional de unidad encargado de preparar las elecciones legislativas previstas para diciembre de este año.

Libia encara el décimo aniversario del levantamiento contra Gadafi en otra transición y a la espera de soluciones

Está por ver si el nuevo proceso de transición logra cumplir las expectativas de democratización expresadas por los manifestantes hace diez años y da respuesta a las necesidades de cerca de 1,3 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria en el país, según datos publicados en enero por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

 

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