López Obrador, un solitario que se estrangula en sus promesas

Dice el periodista Marco Levario Turcott que la mayor mentira del gobierno se llama Andrés Manuel López Obrador.
No es un estadista, no es un demócrata, no piensa en los más pobres ni en incentivar a empresarios.
No le gusta la crítica ni la libertad de prensa. Esté enfermo de poder y vive fuera de la realidad. Es un tirano, detalla el redactor.
Las redes sociales sobre las que él pontifica las bondades de su reinado que no gobierno republicano, lo critican por llevar al país al hundimiento con 65 mil muertos por Covid, cifras crecientes en desapariciones, secuestros, feminicidios y violaciones.
El pueblo para el cual él dice gobernar lo hacen parecer como El gran solitario en el palacio, título de una de las novelas de René Avilés Fabila.
Lo suyo no es el crecimiento ni el desarrollo económico sino la descomposición gradual y generalizada de una economía, como la nacional, como la nuestra, que se ha desplomado hasta 17.1 por ciento y que, como anillo al dedo era un fantasía de ese corrupto capitalismo del que tanto abomina.
Para él, la corrupción quedó atrás, pues los 60 millones de pobres se verán desdibujados por sus programas de asistencia social.
Sus planes son los del inmovilismo social, que nadie se queje, que todo mundo lo aplauda, que lo vitoreen no como presidente, como uno de aquellos presidentes que, en el pasado hicieron tanto daño a las economías centroamericanas bajo el signo de un socialismo empobrecedor de millones.
Y, como dice la escritora Soledad Loaeza, López Obrador clama a la encíclica de Rerum Novarum de León XIII, quien en 1879 recordaba a los creyentes que era un pecado rebelarse contra el lugar que Dios les había asignado sobre la tierra. Ellos no debían impacientarse, pues en la otra vida entrarían al coro de los bienaventurados.
Gabriel Rodríguez, Render informativo.

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