¿La rivalidad entre hermanos es esencial durante la niñez?

Para los padres con dos o más hijos, las vacaciones de verano son todo un desafío. No tanto por la planificación económica que esto supone, sino por los insultos, las peleas y los episodios absurdos de rivalidad entre hermanos que tendrán que soportar durante estos meses. 

La mayoría piensa que tener varios hijos es una mala idea, pues se dice que los hermanos se pelean, y es cierto. Pero estos conflictos en realidad son mucho más enriquecedores para su desarrollo personal de lo que podríamos pensar al escuchar algo como “mamá, me acaba de llamar inútil”.

 

Desde un punto de vista evolutivo, es importante la rivalidad entre hermanos 

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Todos los seres vivos desarrollan cierto tipo de rivalidad con sus hermanos, este no es un comportamiento exclusivo de la raza humana. 

Por ejemplo, algunos polluelos al nacer compiten por la atención de su madre cantando más fuerte que el resto. Así obtienen una mayor cantidad de comida y calor para crecer sanos y fuertes. 

Incluso hay insectos que pueden matar a sus hermanos para sobrevivir y duplicar sus recompensas. Pero, por supuesto, esto solo se da en la naturaleza por la falta de recursos.

La rivalidad entre hermanos humanos no suele llegar a esos extremos, sobre todo en la niñez. Lo que sí es posible que veamos son muestras de hostilidad entre ambos, tales como peleas, gritos, insultos o bromas pesadas. Esto dependiendo de la diferencia de edad que haya entre ambos, o del número de hijos que tengan los padres.

Sin embargo, los expertos afirman que, lejos de ser preocupante, estas muestras de rivalidad son esenciales para que los niños crezcan. No tanto a nivel biológico, pues la distribución de recursos no es tan selectiva, pero sí desde el punto de vista psicológico.

¿Qué implicaciones positivas tienen estos conflictos en la infancia?

La rivalidad entre hermanos ayuda a que los niños desarrollen habilidades de negociación y de resolución de conflictos mucho más rápido de lo que lo harían los hijos únicos. En esencia, porque están constantemente desarrollando problemas que tendrán que resolver tarde o temprano. Ya sea en la parte trasera del auto, en el parque o justo después de ver su serie de televisión favorita.

Esto, a su vez, permite que los hermanos aprendan a regular mucho mejor sus emociones, de tal manera que, al salir de casa, sean mucho más empáticos con el resto de niños. 

Desde su nacimiento hasta los dos años de edad, los niños pueden ser bastante narcisistas. Por lo tanto, esta clase de conflictos puede ayudarles a desarrollar una teoría de la mente profunda. Es decir, una mayor capacidad para comprender, perdonar y crear vínculos vitales según el pediatra Baris Korkmaz. 

 

La teoría de la mente es la habilidad cognitiva que nos permite gestionar nuestras comunicaciones y las relaciones con otros. Gracias a ella, es que como adultos podemos interpretar las expresiones de otros y el contexto que nos rodea para adaptarnos mejor a él

“Las peleas son molestas, pero también es una oportunidad para enseñarles empatía y habilidades sociales. Es la forma en que los hijos descubren cómo llevarse bien con los demás”.

Baris Korkmaz, pediatra en la Universidad de Estambul

No obstante, si bien la rivalidad entre hermanos es una práctica necesaria para el desarrollo, eso no significa que deba fomentarse. 

La rivalidad natural entre hermanos es normal, la forzada es peligrosa

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Como padres, es importante mantener una postura arbitraria en el conflicto. Los niños se darán cuenta rápidamente si algún padre tiene un “favorito”, y eso solo empeorará las disputas entre ambos. En especial cuando los hijos tienen una gran diferencia de edad, pues cada uno intentará ser el centro de atención a su manera.

Asimismo, forzar una relación entre hermanos puede crear una tensión innecesaria. Por ejemplo, pedirle a un adolescente que “pase el rato” con su hermano menor es uno de los mayores catalizadores de rivalidad negativa entre hermanos. O bien porque el adolescente le prohíbe hacer al niño lo que él quiere. O por el contrario, porque el niño estresa al adolescente.

“Tratar de vivir con alguien que es fundamentalmente diferente a ti, y que nunca elegirías voluntariamente como amigo, es un verdadero desafío”.

Rachael Sharman, psicóloga en la Universidad de Bunshine Coast

Es importante tener presente que no todos los hermanos se llevan bien. Cada niño tiene un temperamento y una personalidad propia, por lo que es posible que eso choque de vez en cuando, o que nunca lo haga.

Así que, lejos de preocuparnos por la rivalidad entre uno y otro, deberíamos aceptar que hay hermano sque no van a crecer para ser los mejores amigos. Pero que, con el tiempo, todos llegaran a entenderse y respetarse. Y los aportes psicológicos que les dejó su rivalidad en la niñez seguirán con ellos, ayudándoles a superar los obstáculos de la vida adulta.

Pero si sentimos como padres que la relación de los hijos ha pasado de la rivalidad al acoso, entonces sí deberíamos preocuparnos y consultar con especialista la mejor forma de mejorar la relación.

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